"Tú, lector, palpitas de vida y de orgullo y de amor como yo,
Para tí, pues, estos cantos".
"Desconocido, si al pasar junto a mí deseas hablarme, ¿Por qué no has de hablarme?
¿Y por qué no he de hablarte?".

(Walt Whitman, "Hojas de hierba")

sábado, 23 de febrero de 2013

Animal Poético

Si no me he vuelto loco,
ni vivo renegando de mi vida,
es gracias a las letras y las ideas.

O, mejor, gracias a haber leído
a otros ideas que también han visitado
mi imaginación,
con similar pasión o desasosiego.

Si no hubiese vivido en una ruina abandonada,
jugando con el joven Kafka, tostando nuestros cuerpos
bajo los rayos de sol, con el sonido de los grajos (kavka),
no entendería, hoy,  el vértigo ante el panorama que me rodea.

Si no hubiese amanecido como Adán, junto a Walt Whitman,
en la pradera húmeda de Manahatta,
no apreciaría con tanta libertad la inmensidad
y la aparente contradicción de mi Yo.

Si no me hubiese arrojado a la vida
como una perla en una copa de vino,
como canta Wilde, desde las profundidades,
hoy mi vida carecería completamente de significado.

Una vez me sentí completamente vacío, muerto en vida
y el médico me aconsejó que "reflexionase" sobre mis problemas.
Lo que hice fue acudir a una iglesia y, durante un año,
fui allí cada día a escuchar y a escucharme en silencio...

Cuando escuché la veta de Agua Viva en mi interior,
y llegué a ver con los ojos del alma y oír con sus oídos
las imágenes y las palabras que se me presentaban,
descubrí de nuevo, la fuerza primigenia de la Palabra.

Y descubrí esa fuerza de la palabra fuera de aquella iglesia,
en los versos de Octavio Paz, Safo, Kavafis, Cernuda, Cátulo,...

Es la Palabra, la Poesía,  la que dota de sentido
nuestra vida, infundiéndole calor y color.

Más allá del Animal Racional
se alza el Animal Poético.

                                             
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