"Tú, lector, palpitas de vida y de orgullo y de amor como yo,
Para tí, pues, estos cantos".
"Desconocido, si al pasar junto a mí deseas hablarme, ¿Por qué no has de hablarme?
¿Y por qué no he de hablarte?".

(Walt Whitman, "Hojas de hierba")

sábado, 23 de febrero de 2013

Animal Poético

Si no me he vuelto loco,
ni vivo renegando de mi vida,
es gracias a las letras y las ideas.

O, mejor, gracias a haber leído
a otros ideas que también han visitado
mi imaginación,
con similar pasión o desasosiego.

Si no hubiese vivido en una ruina abandonada,
jugando con el joven Kafka, tostando nuestros cuerpos
bajo los rayos de sol, con el sonido de los grajos (kavka),
no entendería, hoy,  el vértigo ante el panorama que me rodea.

Si no hubiese amanecido como Adán, junto a Walt Whitman,
en la pradera húmeda de Manahatta,
no apreciaría con tanta libertad la inmensidad
y la aparente contradicción de mi Yo.

Si no me hubiese arrojado a la vida
como una perla en una copa de vino,
como canta Wilde, desde las profundidades,
hoy mi vida carecería completamente de significado.

Una vez me sentí completamente vacío, muerto en vida
y el médico me aconsejó que "reflexionase" sobre mis problemas.
Lo que hice fue acudir a una iglesia y, durante un año,
fui allí cada día a escuchar y a escucharme en silencio...

Cuando escuché la veta de Agua Viva en mi interior,
y llegué a ver con los ojos del alma y oír con sus oídos
las imágenes y las palabras que se me presentaban,
descubrí de nuevo, la fuerza primigenia de la Palabra.

Y descubrí esa fuerza de la palabra fuera de aquella iglesia,
en los versos de Octavio Paz, Safo, Kavafis, Cernuda, Cátulo,...

Es la Palabra, la Poesía,  la que dota de sentido
nuestra vida, infundiéndole calor y color.

Más allá del Animal Racional
se alza el Animal Poético.

                                             
                                                          ******************



viernes, 22 de febrero de 2013

No todo está perdido.

Sé que lo que voy a decir puede sonar inconveniente por conformista. Pero a mí, el debate sobre el Estado de la Nación tuvo el efecto de relajarme y me situó, de nuevo, en un estado de "espera activa". No todo está perdido.

Y es que llega un momento, en medio de tanta indignación y tanto derrotismo, en el que la rutina es la mejor de las noticias. Que todo siga igual, aunque sea igual de mal. El presidente del gobierno dijo lo que cualquier ciudadano medianamente informado podría esperar que dijera. La oposición hizo algunos aspavientos pero parece obvio que tampoco hay "formulas milagrosas" que se estén dejando de aplicar. Por fortuna, aquí estamos lejos aún del populismo rampante de otros países del arco mediterráneo. "Beppe Grillo" puede esperar un rato, todavía...

Han sido cuatro años asquerosos y ha habido ruina, angustia y, sobre todo, ha habido víctimas mortales. Pero muchas de las actitudes que hoy nos resultan insoportables estaban bien arraigadas en el acervo patrio desde hace generaciones. Lo que ocurre es que las cagadas de perro que la gente no recoge se ven más cuando los barrenderos se ponen en huelga, los delitos económicos son más escandalosos cuando hay gente que no tiene techo y acuden al Banco de Alimentos y las condiciones laborales se antojan draconianas cuando ya no hay más margen para el "dumping" profesional.

Pero aquí seguimos y nuestro país no se ha precipitado por un "tobogán albanés", sino que continúa siendo una potencia europea mediana. En estos momentos, me conformo con eso.

Quiero creer que de todo esto (Bárcenas, Urdangarín, los espias,etc.) saldrán leyes más exigentes con la transparencia de los partidos políticos, con la responsabilidad de las acciones especulativas temerarias y una Nueva Alianza entre el gobierno y los ciudadanos. No espero, desde luego, que un fuego sagrado caiga sobre nuestras cabezas y nos convirtamos en santos de un día para otro. Somos como somos, "innobles mediocridades" en la mayoría de los casos y eso no va a cambiar.

Quiero creer, sin embargo, que nosotros, los ciudadanos que acabamos de descubrir la fuerza del asociacionismo a través de plataformas de afectados y movilizaciones sociales (sobre todo en forma de escritos bien fundamentados jurídicamente, y no tanto mediante la "toma de las calles"), seremos en adelante más conscientes de la necesidad de luchar por nuestros derechos y nuestro bienestar y menos negligentes, en la espera de que Rubalcaba, Lara o quien sea nos vaya a traer el pan a casa. Creo sinceramente que esta actitud es un relapso de la época de la dictadura, que nos hace vivir esperando un "caudillo" que nos salve.

Los anglosajones nos llevan ventaja en esto. Como dijo Clint Eastwood en las recientes elecciones norteamericanas, "los políticos son NUESTROS empleados,... No importa que seamos republicanos, demócratas o libertarios, nosotros mismos somos lo mejor que tenemos".



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jueves, 21 de febrero de 2013

Ada


Hay un mundo subterráneo,
(sigue habiéndolo)
En el que vivo todo
                           lo que no vivimos;
Por falta de tiempo,
 por falta de ganas,
Por miedo al desencuentro.

O por que las cosas son así.

No se si es una característica mía
o un hecho generalizado.

Voy por la vida a empellones.

Me despierto y ando enamorado de ti,
(aunque no estás conmigo)
Y muchas veces miento al decir
que son las facturas las que me agobian
o tu sonrisa la que me hace sonreír.

Eres tú, tú quien inflamas aún mi corazón
cuando me visitas en sueños, o en medio del tráfago diario.
Y el velo que, de pronto, cubre tu rostro
el que ensombrece mi mente

Y tu permanente ausencia
la que hace el día interminable.


                                                                    ******




domingo, 17 de febrero de 2013

¿Democracia real?

Si ayer leía "El Proceso" como una versión pesadillesca de "Alïcia en el País de las Maravillas", hoy leo "EL MUNDO" como si fuese un "HOLA!" especializado en políticos.
Visto desde semejante prisma lúdico y desapasionado, la actualidad de mi país no puede ser más entretenida. Como si fuese un teatro de variedades, saltan los pufos, los equívocos y las miserias de nuestra clase política como si obedeciesen las indicaciones de un director de escena en estado de gracia.
Todos cobran comisiones ilegales, todos se espían unos a otros. Todos salen un día señalando con el dedo a su oponente y, al día siguiente, desmintiendo una acusación similar formulada por un tercero.

Ya hemos vivido esto anteriormente: como los gobernantes (especialmente, los de ideología conservadora) justifican el progresivo adelgazamiento del nivel de confort de sus ciudadanos mediante argumentos moralizantes sobre el "despilfarro" y sobre las virtudes de la "austeridad", el pueblo se vuelve consecuentemente más exigente con la "austeridad" de los políticos, sospechosos habituales de cobrar infinitamente más que el ciudadano medio y con todas las herramientas a su alcance para escamotear su patrimonio a las Arcas Públicas... Como consecuencia, los partidos comienzan una penosa escenificación de su "indignación" y su "solidaridad" con el sufrido contribuyente (Ay, esa ministra haciendo pucheros en plena rueda de prensa).
Ante las sucesivas bajas en las primeras filas (imputados, cesados, dimitidos), empiezan a subir a la palestra políticos  cada vez más jóvenes (para que no dudemos de la voluntad de "regeneración" de la Democracia). La juventud y la inexperiencia sólo acreditan que aún no han tenido tiempo de "forrarse" como sus mayores, pero nada más.

Paralelamente, la calle se cansa de los oscuros y enrevesados argumentos de los "expertos", sospechosamente gordos y acomodados. Se escucha con mayor agrado a ciudadanos "normales" que no argumentan, sino que se limitan a "denunciar" el calamitoso estado de cosas y "exigir" un cambio radical en el sentido de las políticas sociales y económicas. La gente quiere verdades simples, Justicia y "Pureza"....

Pureza... Ya tenemos el fascismo esperando a la vuelta de la esquina. El fascismo, con su encanto infalible, la belleza de la Justicia, la Paz y la Pureza... una sarta de mentiras insidiosas y criminales! Pero con el éxito asegurado, por desgracia.

Yo también fui niño y, en consecuencia, un pequeño nazi redomado. Pero tenía gafas, un porte poco atlético y una ineptitud recalcitrante para cualquier tipo de deporte. Tampoco soy especialmente brillante, intelectualmente. Así, por la mediocridad, me vacuné contra el fascismo y aprendí a ser comprensivo y tolerante con las mediocridades de los demás. Por eso me horroriza el puritanismo en cualquiera de sus formas.

No creo que nuestros problemas se deban a que los ciudadanos hayamos vivido "por encima de nuestras posibilidades", y me da vergüenza ver a los diputados haciendo striptease con sus declaraciones de la renta... Aunque, supongo que todo es inevitable. Un virus que hay que pasar... Pero sigo creyendo y defendiendo el modelo de Estado tal y como me lo encontré al nacer. Espero que de todo esto que estamos viviendo resulte una ciudadanía más responsable y más crítica y desacomplejada, menos servil. Y también espero un gobierno legítimo y fuerte, cuya fortaleza radique en su eficacia y transparencia. Pero me niego que el futuro de mi país acabe en manos de empresarios y "tecnócratas", ni tampoco de "Mesías" demagogos ni "plataformas" de ninguna clase.



viernes, 15 de febrero de 2013

Las Circunstancias (19/12/2012)




Con la bruma de una mañana de diciembre,
salimos de las casas, para ir al trabajo,
o al colegio;

De los trabajos para dormir un par de horas;
De los conventos para ir a misa;
De los albergues, para comenzar la ronda de comedores,
plazas, chatarra y cerveza;

Del hogar familiar, para ir a clase;
Del lecho del amante, para regresar a la familia.
Del cuartel, hacia el campo de maniobras.

Con la bruma de una mañana de diciembre,
amanece un mundo nuevo, nacido de los
escombros del mundo viejo.
Es la hora incierta en que no adivinamos
si saldrá el sol o continuarán las tinieblas.

De momento, hace un frío de posguerra.
Y un hambre, y una rabia- sorda aún-
de derrota sentida y de desengaño caliente.

En la primera planta del edificio, ya no sienten el frío de la calle.
No digamos en el ático.
Llevan siglos queriendo reducir el mundo a puro número,
convertir la Naturaleza en diagrama, cuando el diagrama
no era más que una aproximación a la inmensidad del Universo.

Pero la Naturaleza es invencible, pacífica, inexorable,
grandiosa y poderosa.

Imposible constreñirla con nuestros paisajes y territorios.
Imposible encerrar a Dios en nuestras iglesias ni domarlo
con nuestras supersticiones.

Imposible domesticar al hombre con leyes ni costumbres.
Dios vive dentro de nosotros y desborda cualquier
clasificación o prejuicio.

El ansia de libertad, de crear con nuestras propias manos
y con nuestros cuerpos,
la necesidad de justicia y de fundirnos en un abrazo fuerte,
la pulsión de entregarnos en cuerpo y alma;

Toda esa energía está viva dentro de nosotros, y siglos
de mala educación y pésima alimentación no pueden
con ella.
¿O acaso no es ahí el famoso estrés, la angustia,
la violencia, la enfermedad?
No es otra cosa que nuestro Dios ("nuestro", de cada uno de nosotros)
 rebelándose contra la represión del amor y la solidaridad
 por una educación y una cultura de lucha entre hombres,
de miedo al hombre,
de adoración al dinero
(que no es más que una invención del hombre)...

Con la bruma de una mañana de diciembre,
salimos de nuestras casas.
Fichamos en la oficina,
sellamos el paro,
hundimos el cuchillo en el pan,
salimos del cuerpo del amante,
del trabajo para dormir un par de horas.

Melancolía (19/12/2012)




Es un absceso en la conciencia,
un nudo en la garganta y
un peso en el estómago.

Un nublado en la cabeza.

Es simple cansancio.
Porque conocemos nuestra buena suerte
y nuestra riqueza hoy, en que a tantos
falta lo imprescindible.
Qué importa el dolor en las articulaciones,
las pasiones guardadas en el fondo del armario,
los sueños sofocados,
la inteligencia puesta a medio gas para no
destacar demasiado.

¿Cuál es, en definitiva, el sentido de la vida?
Ninguno, en realidad.
Nacemos por azar y vivimos en sociedad.
A partir de esta circunstancia,
sólo queda tratar de vivir lo mejor posible.
Y eso sólo se consigue escuchando a nuestro
Yo Interior.
Él es muy claro,
a la hora de expresar lo que le conviene y lo que no.
Le conviene el amor, la entrega desinteresada,
la experiencia y la confianza.
Le repugna el egoísmo, la ambición desmedida
y los excesos de todo tipo.

Es esta una verdad muy simple,
pero escurridiza.

Tanto, que cuesta toda la vida aprenderla.

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Atrapa-Versos (25/12/2012)





Pintar el paisaje con palabras:
las nubes despeinadas, el río desierto, inmovil
salvo por dos patos que lo costean.


Lejos del olor a asado de los hogares y restaurantes,
en silencio,
lejos del tráfago del tráfico,
me sumerjo en el bosque.


Como antaño, conviven dos razas humanas:
la Clase Dominante y los Inadaptados.
Y el fin de los Inadaptados no es otro que la extinción.
Como pasó entre Neanderthal y Cro-Magnon.


Los más rebeldes caen los primeros,
o enloquecen y se refugian en sus mentes.
Los demás, la mayoria, nos acomodamos como podemos
y aceptamos con serenidad nuestro destino.
Camuflados entre la masa anónima
poco a poco olvidamos nuestras señas de identidad.
O las guardamos como un tesoro,
un fuego íntimo que nos mantiene vivos.


Poesía, religión, sentimientos
la razón.


El Fin del Mundo (23/12/2012)




"Cerré y abrí una vez más los ojos:
la bruma seguía venturosamente allí
y todo lo borraba".
                           Juan Goytisolo

El día del Año Nuevo,
la alineación de los astros.
El Nacimiento de Cristo,
el Reino de los Cielos.

Morir y renacer,
romper con el pasado.
Otra oportunidad.
El perdón de los pecados
nuestro Año Jubilar.

El peso de la conciencia
nos impide caminar.
Hay que soltar el lastre
para poder avanzar.

(Caminante, no hay camino
se hace camino al andar)

La Ataraxia es el estado
de máxima felicidad.
El fin de la competencia
la existencia y nada más.

El Reino está en nuestro seno,
sólo hace falta escuchar.
Mirar adentro primero,
Hacia fuera sólo amar.

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Los Zombis



Los zombis,

Molestan a las personas normales,

con sus ropas harapientas

y sus rostros macilentos.


Los zombis

molestan con sus aullidos y su hedor,

no trabajan, se te pegan

al cristal de las ventanillas.


Molestan a los que aún

son personas normales

porque tienen la suerte

de mantener

sus vidas anodinas.


Los zombis son unos envidiosos.

No soportan ser los malos de la película.

Los zombis son villanos,

de una peli de terror.


(11 de enero de 2013)

Juanito, el Niño Perdido

Juanito era un niño que vivió hace muchos años en la plaza de la Alameda. Juanito, que tenía cinco años, y sus padres vivían en una casa de color azul, en una calle que no tenía nombre pero que daba a un parque de juegos conocido como el "Parque de los Abuelos", aunque jamás se vió a ningún abuelo ni a ninguna abuela jugando en aquél parque. Por el contrario, el parque se llenaba todas las tardes de niños que se perseguian, se reguindaban de los columpios y comían palomitas.

A Juanito le gustaba muchisimo jugar allí y tenía sus amigos. Casi todas las tardes su padre o su madre lo llevaban a tomar el Sol y a que jugase un rato. Una tarde, sin embargo, su madre le dijo: Hoy no podemos ir al parque, Juanito, porque tengo que planchar un cesto enorme de ropa y papá no va a llegar del trabajo hasta la hora de la cena. Además, tienes que hacer una tarea para entregarsela a la Seño Mariló.

Juanito no estaba deseando pasarse la tarde haciendo deberes, la verdad sea dicha, pero era obediente y fué a su habitación. Por la ventana de su cuarto entraba el sol a raudales... y también la griteria de los niños que jugaban en el parque de los abuelos.

Al principio Juanito trató de no mirar por la ventana y concentrarse en sus tareas, pero aquello era más de lo que podía resistir! Para llegar al parque sólo tenía que caminar un centenar de pasos desde su casa. "Tal vez podría salir un ratito y volver a casa sin que mamá se entere". La tentación era demasiado grande y la solución parecía perfecta. Así que, aunque con mucho miedo y sabiendo que no estaba actuando del todo bien, Juanito abrió el pestillo de su ventana y salió por ella a la calle.

Al poco rato, estaba corriendo como un loco por el parque con sus amigos y se lo estaba pasando tan bien que se olvidó del miedo a que su madre se diese cuenta de todo. Poco a poco, los niños de su edad se fueron a casa con sus padres y abuelos. Juanito estaba jugando a la pelota con unos niños mayores, que no eran del barrio. "¿Por qué no vamos al otro extremo de la plaza, que hay más sitio para jugar al futbol?" Juanito dudó, porque núnca había salido sólo de su casa y estaba anocheciendo, pero se fió de aquellos niños porque eran mayores y parecían muy seguros de lo que hacían."Vale, yo también voy!".

Cuando se  hizo de noche, uno de los niños dijo: "Uf! yo ya tengo hambre. Me voy a mi casa a cenar!" "Sí vamonos todos!", dijeron los demás. "Esperad, no vais a llevarme hasta mi casa?" preguntó Juanito"Es que es de noche..." "¿Y qué conque es de noche?¿Acaso te da miedo?" dijo, burlón el lider del grupo."Claro que no" replicó Juanito, pero en lo hondo de su corazón ya se estába arrepintiendo de haber sido tan temerario.

Los otros niños se fueron y Juanito empezó a caminar solo por la plaza. Pero de noche todas las casas le parecían iguales y no había nadie a quién se atreviese a preguntar. El pobre sólo fué capaz de llegar hasta un quiosco, se sentó en el suelo y se puso a llorar acordandose de sus padres.

Entonces, se le acercó un hombre que había estado haciendo juegos con pompas de jabon para los niños toda la tarde. "Hola, chico! Qué haces ahí sentado?Dónde están tus papás?". Juanito, entre hipidos, le contó al hombre de las pompas de jabón que se había escapado de su casa sin que sus padres lo supieran y que ahora no era capaz de volver. "Yo te llevaré a tu casa, chaval. Tú sólo dime en qué calle vives". Juanito le dijo que su calle no tenía nombre. "Vaya! Pues eso sí que es un problema", dijo el hombre de los globos."SE me ocurre una idea, Juanito. Vamos a dar una vuelta por la plaza, a ver si así te acuerdas de dónde está tu casa. Si no, buscaremos a un guardia y le explicaremos que te has perdido ¿VAle?". Y así lo hicieron.

Mientras tanto, los padres de Juanito, que se habían llevado un susto de muerte, estaban como locos buscando por el otro extremo de la plaza "Juanito! Juanitoooo!". Algunos vecinos se unieron a la búsqueda con linternas y hasta la policía se unió al grupo. El hombre de las pompas de jabón los vió a lo lejos y, adivinando quiénes eran, tranquilizó a Juanito "Me parece que estamos a punto de encontrar a tus padres, Juanito".

Cuando vió a sus padres, Juan se debatía entre la alegría y el miedo a que sus padres no le perdonasen por haberles desobedecido y haberles dado ese susto. Pero sus padres corrieron a abrazarlo y Juanito se echó a llorar de alegría. "Menudo susto nos has dado, Juanito!" "Lo sé, mamá y papá, perdonadme!" Le dieron las gracias al Hombre de las Pompas de Jabón y lo invitaron al cumpleaños de Juanito, que era la semana siguiente.

Y como en el Ayuntamiento se enteraron por la policia de que la calle de Juanito no tenía nombre, decidieron que, a partir de ese día, se llamase Calle del Niño Perdido. Y muchos años después, Juan le contaba esta historia a sus hijos, para que supiesen por qué su calle tenía un nombre tan singular.






Status

Últimamente, cada vez creo en menos cosas. No me siento más feliz por ello, pero sí me siento más libre
Lo que no deja de ser una virtud en sí misma.
Con la edad, caen los prejuicios, las certezas, los condicionamientos sociales y los complejos, como caen las hojas en otoño. 

¿Quién soy yo? ¿A qué verdades puedo asirme con fuerza para estar seguro de la finalidad de mi existencia en este mundo... si existe tal finalidad para la vida de nadie? ¿Cuáles son mis circunstancias objetivas, ciertas e incontrovertibles? A bote pronto, sólo se me ocurren cinco:

Mi sexo: masculino
Mi edad: treinta y ocho
Mi estado civil: casado (civilmente), con una mujer, padre de una niña de cinco años y con un varón en camino.
Mi formación: licenciado en Geografía
Mi situación laboral: empleado como celador en una clínica privada

A partir de estos cinco datos objetivos, todo lo demás es difuso, aleatorio, opinable
¿Soy un hombre de éxito o un fracasado?, ¿Rico o pobre?, ¿Brillante o mediocre?,... Todo es relativo, un bosque denso de conceptos abstractos que ponemos en juego para situarnos unos por encima de otros, sin mayor argumento que el poder de coacción de quien fija las reglas de juego...

El "Status": En una sociedad estamentaria, la pertenencia desde la cuna a una determinada clase social conlleva una serie de privilegios sociales (no tanto económicos)... Ya en el Siglo de Oro, la posición social es una realidad independiente de la posición económica, dándose el ejemplo del hidalgo, respetado por sus iguales y por el pueblo llano, al que, si la fortuna le es adversa, podemos ver en la miseria más absoluta mientras que cualquier villano tocado por la fortuna, puede acabar siendo una persona libre y con capacidad económica...

Hoy en día pasa algo parecido. Muchos lloran por las esquinas porque viven ejerciendo trabajos que no se corresponden con su nivel formativo o con su estatus social de partida... Hijos de la clase media, muchos universitarios, que acaban abocados a empleos precarios, mal pagados y escasamente valorados. 
Es una maldición que se ceba especialmente con aquellos incautos que se enamoraron de las Humanidades... ¿Se puede tachar de "fracasado" a cualquiera de los que integren tan numeroso grupo? ("Mal de muchos, consuelo de tontos", decía mi madre. Pero dónde está el "Mal" en un hecho que simplemente "Es")...

Y, llegados a este punto, ¿En qué es mejor persona un general o un arquitecto que un camarero o un mendigo? Personalmente, conozco a reputados cirujanos, eminencias en su campo de trabajo que, en el ámbito personal son increíblemente obtusos, mezquinos y despreciables... Y conozco a personas que viven en la indigencia y, sin embargo, cada día me preguntan por mi hija o tienen un detalle absolutamente inesperable y desinteresado con sus semejantes...

Espinoza se ganaba la vida puliendo lentes. William Bunge acabó conduciendo un taxi en Canadá. Kafka se pudría lentamente en una aseguradora y pidió a su amigo que quemase todos sus escritos ( "El Proceso", "La Metamorfosis", "Carta al Padre",...) ¿Éxito o fracaso? 

Personalmente tengo una tara de nacimiento que me impide ser un hombre "de éxito", según los parámetros de nuestra sociedad "post-industrial": Para mí, la cima de la civilización fue la Revolución Neolítica

A partir de aquel glorioso instante en el que el hombre dejó de depender de los azares de la caza y la recolección, pudiendo asentarse en un lugar fijo y vivir de la agricultura y la ganadería, todo lo demás fue Vicio y Degeneración. 
Como una vez me dijo una profesora de Antropología, el Neolítico fue la única experiencia histórica de sociedad "comunista"

Rápidamente, surgió la casta sacerdotal y empezó a envenenarlo todo. 

La conciencia de Dios se empleó como un fantoche para asustar y someter al individuo, en vez de como un concepto para elevarlo más allá de sus propios límites...Del mismo modo, hoy, el Estado (elaborado entramado de conceptos y normas de convivencia) se ha convertido en un ídolo que asfixia al hombre en vez de solucionar sus problemas de convivencia. 

El éxito, que sólo debería ser un adorno simbólico para premiar al hombre o mujer que ha demostrado su capacidad para subsistir por sus propios medios,  se convierte en un demonio sádico y enano que llevamos a hombros y que con su risa de hiena ensordece nuestros oídos y nubla nuestro entendimiento, impidiéndonos reflexionar y disfrutar de nuestra victoria cotidiana sobre la Muerte y la Animalidad.

"Había una vez un jardín que llamaban La Tierra/ que brillaba al Sol como un fruto maduro/..." Yo también vivo añorando aquel jardín en el que pudimos nacer, sin conciencia de Cielo o Infierno, sin clases, sólo ocupados en amarnos y disfrutar de los regalos de la Naturaleza,... El Paraíso perdido.





El hombre con el corazón herido

Erase una vez un hombre que vivía en una casa fuera de la ciudad. Vivía completamente solo y desde hacía años, no crecía la hierba en su jardín, ni nacían hojas en los arboles, ni se veía a ningún pajaro posarse en sus ramas. Incluso los niños evitaban jugar en los alrededores de aquella casa.

¿Por qué sufría el hombre? La razón era simple y compleja, al mismo tiempo: Envejecía sin saber para qué había nacido.

Toda su vida, desde que tenía uso de razón, había intentado vivir como cualquier otro adulto, pero sin éxito.
Carecía de talento para emprender ningún negocio,tampoco era capaz de dar ordenes ni imponer ninguna disciplina.
No le interesaba el dinero ni se sentía llamado a ninguna empresa de las que suelen ocupar a los hombres.

Toda su vida escuchó decir a sus maestros, amigos y parientes que era un "ingenuo", un "soñador", un "bueno para nada",....
Y, ahora que se hacia viejo, parecía que su vida había sido totalmente improductiva.

Un día de invierno, un   niño apareció en el jardín de la casa del hombre con el corazón triste. Era un niño muy guapo, moreno y con los ojos verdes. Cuando el hombre descubrió al niño, le preguntó "¿Quién eres tú? ¿Qué buscas aquí?".
"Me llamo Jesús", respondió el niño y sonreía con una hermosa sonrisa de dientes blancos."Hace frio y no soy de aquí. ¿Podría pasar la noche en tu casa?". "Como quieras" respondió el anciano,"pero mi casa carece de casi todo y, por alimento, sólo tengo pan, algo de queso y vino". "Me basta con un fuego para calentarme y aceptaré lo que me ofrezcas para comer" respondió Jesús.

Y aquella noche, el hombre triste, compartió su humilde morada y su comida con el pequeño Jesús.
Cuando tuvo sueño, lo acomodó en una cama junto al sueño y le preguntó si necesitaba alguna cosa.
"¿Podrías contarme alguna historia, para que me duerma?"
El hombre se sintió azorado, por un momento, pues no sabía ninguna historia que pudiese contarle al niño.
 Sin embargo, intentó ponerse en el lugar del niño y pensar en qué podría gustarle oir a un chico como aquél.
Y sin saber como, descubrió que estaba narrando una historia completamente nueva y, mientras hablaba, él mismo sentía en su interior aflorar recuerdos que habían permanecido congelados en su corazón desde que él mismo había sido un niño como aquél pequeño.

Al levantarse por la mañana, el niño no estaba en la casa y por más que lo llamó no apareció por ninguna parte. Tampoco en el pueblo sabia nadie nada de ningún niño. Sin embargo, el corazón del hombre latía con alegría y el calor había vuelto a sus mejillas. Desde la noche anterior, sentía aflorar uno tras otro recuerdos de su infancia, de sus ilusiones y fantasías olvidadas y reprimidas tras años y años de intentar convertirse en un adulto. Ahora, se le ocurrían sin cesar historias y las escribía y una vez por semana, se reunía con los niños del pueblo que escuchaban encantados las fantasías del hombre.

Entonces recordó que una vez, en la iglesia, había escuchado una frase que entonces no comprendió pero que ahora se le reveló como una verdad luminosa:

               
                     "Para entrar en el Reino de Dios, hay que volver a ser como un niño"